
Gracias a ambos, entre 1877 y 1892, descubrieron y se pudieron catalogar cerca de 140 nuevas especies de dinosaurios.
Edward Drinker Cope se crió en el seno de una rica e influyente familia de Filadelfia. Tras estudiar en la Universidad de Pensilvania, fue profesor de ciencias naturales en el Colegio Haveford y acabó sus días como profesor de geología y paleontología por la Universidad de Pensilvania. Othniel Charles Marsh procedía de una familia humilde de LockPort (Nueva York). Se formó en la Universidad de Yale y gracias a su tío, un conocido filántropo al que convenció para que fundara el Museo de Historia Natural de Yale, fue nombrado director del Museo.

A principios de 1870 su rivalidad se acentuaría cuando comenzaron a llegar noticias de grandes descubrimientos fósiles en el oeste de Estados Unidos, dando comienzo propiamente a la denominada "Guerra de los Huesos" (Bones War).
Cope entró a trabajar en el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) a las órdenes de Ferdinand Vandeveer Hayden, un reputado geólogo estadounidense. Se trasladó a Wyoming a hacer prospecciones y rápidamente entró en disputas también con Joseph Leidy, un paleontólogo que trabajaba para Hayden en la misma zona.
Mientras en 1872 los descubrimientos de nuevas especies continuaban, se produjo otro enfrentamiento entre Cope y Marsh que terminó por finiquitar las posibilidades de reconciliación entre ambos. Cope ya no contaba con el respaldo del USGS ni de Hayden y tuvo que contratar un equipo de su trabajo pagándolo él mismo. Poco después descubrió que dos de sus hombres trabajan también para Marsh. Uno de ellos envió parte de los fósiles a Cope por error, cuando éste los recibió se los envió de nuevo a Marsh, sin embargo el incidente tensó aún más la relación.

Marsh se intentó ganar el favor del jefe de la tribu de los Sioux "Nube Roja", prometiéndole dinero a cambio de los fósiles encontrados y de interceder en Washington a favor de los indios y del trato que recibían. Marsh acabó huyendo en un tren con vagones llenos de fósiles cuando era atacado por la tribu Lakota (parte de los Sioux). Al llegar a Washington cumplió su promesa e intercedió ante el Departamento de Estado en nombre de "Nube Roja".
Cope por su parte dejó de trabajar oficialmente para Hayden y recolectó huesos por su cuenta durante esos años. En 1875 ambos paleontólogos habían acumulado tal cantidad de nuevos fósiles que decidieron detener sus búsquedas para poder investigar y clasificar sus hallazgos. El "descanso" no duraría mucho ante las noticias de nuevos descubrimientos en el oeste.

Finalmente Marsh contestó a Lakes indicándole que guardara el secreto del descubrimiento y pagándole por sus servicios, envió también a uno de sus hombres de confianza para asegurarse de que Lakes trabajara para él. Marsh acabó publicando el hallazgo en el "American Journal of Science", mientras Lakes escribía una carta a Cope informándole de que los nuevos huesos serían para Marsh. Cope, agraviado de nuevo, no llegó tampoco a publicar su interpretación sobre los huesos que había recibido de Lakes.
Cope se resarciría poco después. La siguiente carta procedente del oeste con nuevos descubrimientos iba dirigida exclusivamente a Cope. El naturalista O. W. Lucas, descubrió un grupo de fósiles en Cañon City (Colorado) mientras estaba recolectando plantas. Tras recibir las muestras, Cope aseguró que se trataba de herbívoros muy grandes, los mayores fósiles que se habían descubierto hasta entonces. Cuando se enteró del hallazgo Marsh, intentó abrir una nueva cantera cerca de Cañon City, sin embargo Lucas se mantuvo fiel a Cope trabajando para él, y Marsh abandonó la idea.

Dos trabajadores de la Union Pacific Railroad que se identificaron como Harlow y Edwards (sus nombres reales eran Carlin y Reed), afirmaban haber descubierto un buen número de fósiles en Como Bluff mientras se construía la línea del ferrocarril en la zona. Marsh envió rápidamente al lugar a Williston, uno de sus estudiantes, quien le confirmó que la historia era cierta y que varios hombres de Cope se hallaban ya por el lugar. Marsh envió dinero a los dos hombres para que trabajaran para él y le enviaran los nuevos descubrimientos, poco después los contrató con un sueldo fijo. Carlin y Reed enviaron numerosos fósiles a Marsh durante todo 1877 y a finales de año, Marsh publicaba un artículo en la revista American Journal of Science, donde describía y descubría al mundo algunos de los dinosaurios más conocidos hoy en día como el Diplodocus, el Stegosaurus o el Allosaurus.

Los rumores sobre los descubrimientos en Como Bluff rápidamente se extendieron a pesar de los intentos de Marsh por mantenerlos en secreto, llegando hasta oídos de Cope, quien contrató ladrones de fósiles para robar algunos de los huesos que extraía Marsh. Carlin, descontentó con Marsh, empezó a trabajar para Cope en enero de 1878, Reed por su parte siguió trabajando para Marsh.
Aunque se seguían descubriendo una gran cantidad de fósiles, a medida que avanzaba la década de 1880, las duras condiciones de trabajo y los continuos sabotajes entre los grupos de trabajo de Cope y Marsh afectó en gran medida a sus trabajadores que empezaban a estar hartos de la situación (en una ocasión llegaron incluso a pelearse a pedradas entre ambos equipos rivales).
Lakes, enviado por Marsh a Como Bluff, dimitió al poco tiempo por sus constantes roces con Reed. Un hombre llamado Kennedy, que iba a ser el sustituto de Lakes, fue contratado por Marsh pero la situación no mejoró y varios de los hombres de Marsh acabaron abandonando. Por si fuera poco, a esta Fiebre del dinosaurio se sumaron más interesados como el ingeniero y profesor Alexander Agassiz. Carlin y Frank Williston (hermano de uno de los hombres de confianza de Marsh), fundaron su propia empresa, vendiendo los huesos fósiles al mejor postor. Reed acabó abandonando a Marsh en 1884.

Antes de acabar la década de 1880 la denominada "Guerra de los Huesos" entre Cope y Marsh dejó de atraer la atención de los medios de comunicación, el "Salvaje Oeste" ya no interesaba al público. Gracias a sus contactos, Marsh consiguió un puesto en el Servicio Geológico de Estados Unidos que le permitía seguir trabajando en su pasión, alejado del foco mediático. Cope por su parte estaba casi arruinado e invirtió en prospecciones de oro y plata en el oeste para buscar fósiles él mismo. Finalmente entró en la Universidad de Pensilvania como profesor.

Cope acusó a Marsh a través de Ballou en un artículo publicado en el New York Herald, de plagio y de malversar los fondos públicos del Servicio Geológico. Sin embargo la jugada no le salió bien a Cope, ya que otros periódicos como The Philadelphia Inquirer pidieron a la Universidad de Pensilvania que despidiera a Cope si no presentaba pruebas que demostraran la acusación. La historia no llegó a más y no llegó a celebrarse ningún juicio para investigar la supuesta malversación.
Aunque el prestigio de los dos científicos había quedado muy dañado tras tantos años de hostilidades, ambos fueron también reconocidos por su labor. A principios de 1890, Cope fue nombrado profesor de zoología y elegido presidente de la American Association for the Advancement of Science. Marsh recuperó parte de su prestigio a finales de la década, cuando consiguió la Medalla Cuvier, uno de los galardones paleontológicos más importantes que existen.

Poco antes de morir, Cope lanzó su último desafío a Marsh. Donó su cráneo a la ciencia para que midieran su cerebro, esperando que fuera mayor que el de su rival (lo que por aquella época se consideraba un síntoma de mayor inteligencia). Marsh sin embargo no aceptó el desafío, falleciendo poco después, en 1899.
La Guerra de los huesos entre Mars y Cope dejó un legado de un valor científico incalculable. A Marsh se le otorga el descubrimiento de 80 nuevas especies de dinosaurios, mientras a Cope de "únicamente" 56 especies. Entre ellas, se encuentran varios de los dinosaurios más conocidos como el Triceratops, Stegosaurus, Allosaurus, Diplodocus, Camarasaurus o el Apatosaurus (conocido como Brontosaurus hasta 1974). La teoría de Marsh de que los pájaros descienden de los dinosaurios también parece haberse confirmado con el tiempo.

En su intento por superar a su rival, los dos científicos reconstruyeron algunas especies de forma errónea, lo que llevó a algunas confusiones que tuvieron que ser corregidas durante las décadas posteriores.
En todo caso, la Gran Fiebre del dinosaurio sirvió sin duda para atraer la atención del gran público al mundo de los dinosaurios. Se llenaron portadas de periódicos, artículos de revistas, se abrieron nuevos museos por todo el mundo y aún hoy, nos seguimos sorprendiendo con cada descubrimiento que se produce de algunos de los animales más grandes que han existido en la Tierra.
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